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Por la justicia y la encarcelación inmediata del asesino Luis Posada Carriles

Por la justicia y la encarcelación inmediata del asesino Luis Posada Carriles  

Justicia, clamor de gente buena en el mundo

Bárbara Vasallo Vasallo

 

 Falta de humanidad,  injusticia, subversión,  insidia, espanto, felonía, Luis Posada Carriles y George W. Bush,  entre otras muchas acepciones, son sinónimos de terrorismo.

  Ese flagelo explotó en el vapor la Coubre, en marzo de 1960, se incendió en El Encanto, en abril de 1961, y vino hace 46 años por Playa Girón, arrebatando a Nemesia su madre y los zapaticos blancos.

  El terrorismo extirpó la vida de los maestros inocentes Conrado Benítez y Manuel Ascunce,  del pescador Bienvenido Mauris Díaz y tantas y tantas víctimas.

Se vistió de fuego en el habanero círculo infantil Le Van Than, y en múltiples cañaverales que alimentaban a ingenios azucareros en Cuba.

  Como una epidemia, estalló en aquel avión de Cubana, con 73 personas honradas a bordo, en las costas de Barbados, el seis de octubre de 1976, en oficinas diplomáticas cubanas en varias ciudades del mundo y en hoteles de La Habana y Varadero, en la primavera y el verano del año 1997.

  El terrorismo quiso matar al Comandante en Jefe  Fidel Castro, en Isla Margarita, Venezuela,  en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, hace una década, y en tantos otros lugares de esta Isla y del mundo.

Latinoamérica vio con horror morir y desaparecer a muchos de sus hijos, dictaduras y Operación Cóndor, componen el engendro.
  Que hablen ahora los muertos que yacen bajo los tesoros de Irak, en la vetusta Babilonia, en las mezquitas de Bagdad.

  Que alcen voces  edificios y las más de tres víctimas de las Torres Gemelas, de New York, el 11 de septiembre de 2001.

  Terrorismo es uno sólo.

  Luis Posada Carriles, autor de múltiples crímenes, increíblemente libre en Miami, es connotado y confeso terrorista.

  George W. Bush, por aprobar su libertad, mantener prisioneros ilegalmente a Gerardo Hernández, Fernando González, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y René González, jóvenes antiterroristas, y desatar guerras en nombre de Dios, entre otras temeridades, también lo es.

  
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