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La flor carbonera...

La flor carbonera...
 
“Vengo de allá de la Ciénaga,
del redimido pantano,
Traigo un manojo de anécdotas
profundas, que se me entraron
por el tronco de la sangre
hasta la raíz del llanto… (*)
Nemesia Rodríguez Montano se hizo universal porque el periodista y poeta cubano Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, contó en versos la triste historia.
  Ella vivía en la Ciénaga de Zapata, a unos 180 kilómetros al sureste de La Habana, sitio olvidado en la geografía de la Isla antes del triunfo de la Revolución, cuando el analfabetismo, miseria y la más inhumana explotación era dueña de aquellos parajes pantanosos.
  Los sueños de la niña, casi adolescente, quedaron truncos en abril de 1961.
  Ahora con 63 años de edad, en su casa del pequeño poblado de Soplillar, en la Ciénaga de Zapata, Nemesia trae a su memoria aquellos días en que los mercenarios de la brigada de asalto 2506, organizada y financiada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, mataron a su madre y cambiaron para siempre el rumbo de su vida…
 “Yo tenía 11 años cuando Fidel bajó de la Sierra Maestra y trajo el gran cambio para los habitantes de este lugar. Tuve ropas decentes y zapatos por primera vez, a mi familia integrada por mis padres y siete hermanos nos llegó la esperanza junto con el año 1959”…
“Una mañana…¡Qué gloria!
Nemesia salió cantando
Llevaba en sus pies el triunfo
de sus zapaticos blancos.
Era la blanca derrota
De un pretérito descalzo…
  “Ahora es distinto, tenemos médicos, escuelas, carreteras, pero antes, vaya, que ni recordarlo es bueno”…
  Ella, sentada en su sillón preferido evoca cada instante de su vida con voz entrecortada, a casi medio siglo después de la invasión mercenaria por Playa Girón y Playa Larga, aún está sujeta a tratamiento especializado, y en ocasiones los médicos le prohíben tratar el tema.
 
“¡Qué linda estaba el domingo
Nemesia con sus zapatos!
Pero el lunes… ¡despertó
Bajo cien truenos de espanto!
  “Cuando mi papá conoció de la invasión, nos dijo que recogiéramos lo necesario y nos montáramos  en el camión para irnos para Jagüey Grande..
 “Por el sitio conocido como el Peaje, entre Playa Larga y Jagüey Grande,  un avión comenzó a pasar por encima de la carretera. Nosotros decíamos adiós porque pensábamos que, como tenía insignias cubanas, nos estaba cuidando…
“Mi papá pensó que iba a aterrizar en la carretera,  y le dijo a mi mamá que le tocara a mi hermano por la cabina para que se apartara y lo dejara aterrizar; no dio tiempo, el avión empezó a tirar, la metralla le dio a mi hermanito más chiquito, a mi abuelita y a mi mamá, yo lo vi todo, todo…
“Mami   sacó una sabana cuando vio que el avión empezó a tirar porque ella pensaba que estaban equivocados, para que vieran que éramos gente de paz. Con esa misma sábana mi papa la tapó, como se ve en la foto muchas veces publicada…
“También lo he dicho muchas veces: yo vi a mi mamá por dentro, y lo repito porque, fíjate si eso fue un acto de terrorismo que los que iban en el avión bajito estaban observando perfectamente a cinco niños, todas mujeres y un solo hombre, hasta un   niño de 6 meses; yo era la mayor y tenía 13 años, y ese avión se encarnó en nosotros, nos tiró cuando pasó para un lado  y cuando regresó volvió a tirar, mi hermanito se estaba yendo en sangre…”
Nemesia no puede continuar el relato, los ojos se nublan y entre sollozos muestra una foto de Juliana Montano, su madre, que cuelga en la pared. Juliana tenía apenas 40 años de edad y comenzaba una nueva vida en la Ciénaga junto a su familia.
  Después de la muerte de su madre, dieron atención a su hermanito y ella fue a parar a casa de una familia en Jagüey Grande, y parece aún estarse viendo a la altura de su incipiente adolescencia dando gritos delante de un espejo… Se yergue de pronto y dice con firmeza:
 “Esta Revolución hay que cuidarla y defenderla hasta con los dientes si fuera necesario. ¡Mira! ven para que veas, entre todos los vecinos construímos una sala de vídeo y de lectura, fíjate es rústica, de madera y guano, como las construcciones que antes siempre hacían los carboneros…
 
(*) Fragmentos de La elegía a unos zapaticos blancos, de Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí.
 
 
 
 
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2 comentarios

Yunisleidis Potter -

Esa s Nemesia o Everardo?

Barbaraissa -

Me encanta este espacio donde actualizarnos, recordar, recordar y recordar...Es importante no olvidar el pasado para valorar lo que tenemos en el presente y cuidarlo para el futuro
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