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En primera persona: Rolando Estévez

En primera persona: Rolando Estévez

  La imagen, libro de la editorial Vigía, homenaje a César López, diseñado por el maestro Rolando Estévez)

Este domingo 13 de febrero Rolando Estévez Jordán (Matanzas 1953) recibirá el Premio Nacional de Diseño del Libro correspondiente al año 2010, durante una ceremonia en la XX edición de la Feria Internacional del Libro de Cuba, instante de gran emoción para cualquier artista, seguramente.

  Pero Estévez, como le llaman todos, no es hombre de premios, a pesar de que atesora numerosos y distinguidos galardones. Con su atuendo de sport, sombrero, gorra o pañuelo en la cabeza, de acuerdo a la temporada del año, bufanda o camiseta, es un ser humano que desde hace mucho tiempo apostó por el buen arte.

  En el año 1985, junto al escritor y poeta Alfredo Zaldívar, instituyó la editorial Vigía, única de su tipo en el mundo, caracterizada por confeccionar libros con materiales de desecho, dígase papel de cartucho, recortes de otras publicaciones, tela, yute, barro...

  Como diseñador principal de la casa editorial, situada muy cerca del emblemático río San Juan en la urbe conocida como Atenas de Cuba, Estévez persiste en manufacturar e iluminar a mano los textos, aunque los tiempos son otros y proliferan computadores, impresoras, escaneadoras y toda la magia de las nuevas tecnologías.

  Con  pasión se entrega por igual a diseñar obras de un reconocido creador como de un novel desconocido; con infinita sensibilidad dedica horas y horas a delinear trazos, buscar colores y perfilar figuras.

 Igual traslada experiencia a los alumnos, quienes llegan con ojos abiertos al taller “El Fortín”, donde ondea la bandera del arco iris, en la planta alta de la editorial, en la Plaza de la Vigía.

  ¿Un hombre con suerte? ¿Artista atrevido? ¿Carácter rebelde? Todo puede afirmarse o negarse, según con el cristal con que se quiera mirar tanto la obra, como la vida de este pintor, diseñador escénico, poeta o narrador, de elevada cultura y arraigo a su pedazo de tierra entre ríos y puentes.

  Con Estévez puede hablarse de música, literatura, teatro, artes plásticas, escénicas, farándula, historia, psicología, ciencias sociales...hasta de brujería y transculturación...

  De José Jacinto Milanés, Gabriel de la Concepción Valdés, Lola Cruz y Domingo del Monte y sus tertulias trascendentales en la Matanzas del siglo XIX, hasta los actualmente consagrados Martha Valdés, Antón Arrufat, Miguel Barnet, Nancy Morejón y tantos otros exponentes de diversas manifestaciones artísticas, comenta Estévez con vehemencia.

  Con ojos expresivos y dicción perfecta de su lengua materna, es del criterio de que Matanzas debiera tener otro nombre, porque el hecho de que una masacre de seres humanos adorne una cuidad tan culta no sería bien visto por ancestros que conviven La Marina, envueltos en toques del Batá y en ofrendas a Orishas del Panteón Yoruba.

  El Estévez que conozco, en primera persona, no presume de sus incontables exposiciones, performances, poemas o diseños de único estilo, en obras antológicas de Pushkin o Eliseo Diego, Fina García Marruz o José Martí.

  Como ser humano común recibirá, este domingo 13 de febrero, otro Premio para su colección.

  Tal vez ahora mismo encienda una vela a Ochún o a Santa Bárbara, camine por las empinadas calles de la ciudad, a la que llamaría Bellamar, pensando el próximo diseño para un libro, acompañado siempre por  espíritus buenos que le rondan...

 

 

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