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Silvio tan alto como la Palma Jata

Silvio tan alto como la Palma Jata

 Viernes 14 de enero y tarde fría…

  Todo el mundo sabía donde quedaba el centro del barrio La Jata, en Guanabacoa, sitio de nombre indígena, que en La Habana data de 1554 y que debe su nombre a una palma que siempre se empinó en aquel lugar místico.

  Pulseras y collares de colores que rinden honor a los Orishas del Panteón Yoruba, asomaban en cuellos y muñecas sin reparo, los hombres y mujeres de este sitio presumen de sus raíces y ancestros.

  Viernes 14 de enero y tarde fría… Hasta este barrio periférico de la gran urbe capitalina llegó Silvio Rodríguez en su afán de demostrar que la cultura y la música pueden sanar heridas, y ser también preferidas de la marginalidad que se refugia en esas calles recónditas.

  Con Silvio otros músicos, trovadores y artistas, aparecieron. Unos para subir al escenario a entregar el alma y la fe; otros a acompañar al amigo en la cruzada y a disfrutar de antológicas piezas, coreadas a gritos por los miles que llegaron más allá de Guanabacoa.

  Como espectadora neta, aprecié rostros incrédulos, como quien dice “esto no está pasando” otros felices, los más, cantar de memoria cada uno de los temas con emoción no contenida y a jóvenes dar saltos para alcanzar el cielo…

  Los flashes y bombillos rojos de las cámaras parpadeaban…abrigos, bufandas, hombres, mujeres, niños, hicieron magia y Silvio creció, creció tan alto como la Palma Jata…

 

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