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Tramposo Otto Reich otra vez en la gran escena terrorista

Tramposo Otto Reich otra vez en la gran escena terrorista Tramposo Otto Reich otra vez en la gran escena terrorista
Roberto Pérez Betancourt
(tomado de la Agencia Cubana de Noticias)
Con innegables y probadas habilidades para el terrorismo encubierto, el norteamericano Otto Reich regresa su regordeta figura a la gran escena mediática vinculado a la arquitectura del golpe de Estado que el 28 de junio depuso en Honduras al presidente Manuel Zelaya. Reich se siente "ofendido" porque el embajador venezolano ante la Organización de Estados Americanos, Roy Chadderton, le acusa de estar implicado en el gorilazo a favor del magnate Micheletti.
De su responsabilidad en la ilegal acción es prueba el abultado dossier de Reich, quien muestra sus recurrentes artimañas para urdir desde la sombra difamaciones contra personalidades democráticas, conspirar para derribar gobiernos progresistas y, en general, servir a los terroristas y mafiosos que mejor paguen sus servicios.
Dos años atrás, Reich comenzó a orquestar la difamación contra Zelaya, involucrándolo falsamente y con torvos propósitos, en manejos de la empresa telefónica estatal Hondutel y otras entidades, con lo cual dio la señal para que la prensa derechista alineara su artillería contra un Presidente que disponía medidas a favor de la igualdad social en su país.
El 10 de abril los medios internacionales anunciaban que Zelaya había demandado judicialmente a Reich por difamación.
Dos meses y medio después, militares armados hasta los dientes invadían de madrugada la casa del Presidente hondureño, lo subían a un avión y lo bajaban poco después en Costa Rica en ropa de dormir.
Magistrados de la Corte Suprema y diputados del Congreso del país centroamericano avalaron la burda falsificación de renuncia presidencial de Zelaya, tendieron una alfombra de fusiles y macanas ante los pies de Micheletti y al ritmo de brutal represión contra los manifestantes en las calles, aquel realizó su muchas veces frustrado sueño de autocoronarse en el Poder Ejecutivo.
Entre las primeras voces que justifican a los gorilas se alza la de Otto Reich. No le importa que contradiga a 192 países representados en Naciones Unidas, a los plenos de la OEA, del Grupo de Río, del ALBA y de las naciones centroamericanas, y hasta al propio Presidente de Estados Unidos.
Nunca antes el mundo reunió una condena tan unánime a un golpe de estado.
En realidad se reeditó el viejo estilo de Otto, quien fuera uno de los artífices de la guerra sucia contra los sandinistas en Nicaragua; un puntal en tratar de alinear a países sudamericanos contra Cuba en la desaparecida Comisión de Derechos Humanos, bajo la batuta de Bush, y reincidente frustrado en el intento de golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez en Venezuela, en abril de 2002.
En círculos diplomáticos clásicos se le considera a Reich verdadero gorila, "porque no sabe suavizar sus expresiones ni encubrir bien sus actos criminales". Para muchos de sus ex colegas actúa como clásico mafioso de Chicago. Otros lo identifican con los asaltadores de caminos tan vistos en películas del oeste americano.
Esas “glorias” lo llevaron a su nombramiento por Bush como subsecretario de Estado para América Latina, burlando por un año la necesaria aprobación del Congreso, que al cabo lo defenestró.
Él mismo se autodefine ’medio cubano, medio austriaco, medio católico, medio judío’. También es conservador entero, anticomunista y ’libre mercadista’ de la línea Reagan.
Según acaba de decir Reich, "el gobierno de Micheletti es legal y constitucional". No sorprende, porque ya se conoce su ignorancia general en materia de derecho y de la propia constitución hondureña.
Reich vuelve a aparecer desnudo en la gran escena terrorista. Pero no le importa. Sabe que abogados, políticos, periodistas y diplomáticos honestos conocen su calaña, desde que fue captado por Frank Calzón, experto en desinformación de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana.
La mafia anticubana anexionista vio en él "a un alumno hábil y valiente", que sería "educado" por la vieja escuela de la que forman parte Posada Carriles, Orlando Bosch y otros connotados criminales internacionales, reunidos en Miami bajo la sombrilla de Washington. Hasta el día en que la señora justicia despierte en ese país.


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