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Benedetti, no te salves…

Benedetti, no te salves…

Por Bárbara Vasallo

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves

En el año 1863 el arquitecto italiano Daniel D’Aglio daba toques finales a la construcción del teatro Sauto en Matanzas, ciudad de ríos y puentes, situada a unos 100 kilómetros al este de La Habana, con toda intención omitió a Polimnia en los frescos que orlan el techo en la gran cúpula.
Solo ocho musas aparecen, porque seguramente ell afamado arquitecto estaba convencido que la poesía y la lírica estarían del alguna manera permanentemente en el teatro, o no consideró oportuno incluir a aquella que en los cantos Homéricos era considerada dueña y señora de poemas de amor…
Al vetusto Sauto de sobria arquitectura neoclásica, lámparas de lágrimas y mármol de Carrara llegó, un día de enero del año 1995, Mario Benedetti, poeta latinoamericano y universal para ofrecer su primer y único concierto de poesía en un teatro en Cuba.
El autor de Corazón Coraza, se encontraba como invitado al jurado Premio Casa de Las Américas, que en ese año sesionaba en la ciudad conocida como Atenas de Cuba, y accedió a ofrecer su obra aquella noche de enero. Una buena cantidad de público tuvo que conformarse con escuchar desde afuera, pues las casi 800 capacidades se agotaron rápidamente.
La voz de Benedetti sonó límpida, uno tras otros se sucedieron versos, comentarios, humildes palabras de agradecimiento al respetable, que aplaudía de pie una y otra vez, solicitaba poemas y él complacía, y hablaba de Luz, la compañera de buenos y malos momentos, de Uruguay, del exilio, de la vida…
Más tarde fue al encuentro con Carilda Oliver Labra, una de las voces femeninas más importantes de las letras en Hispanoamérica, en aquellos momentos “refugiada” en su Calzada de Tirry 81, recuperándose de un accidente que le fracturó la cadera… Allí, en la enorme casona colonial, entre gatos y amigos, intercambiaron libros y versos, palabras sentidas de admiración mutua y ese verbo finísimo que sólo emerge de grandes poetas.
Fui testigo de aquellos momentos insuperables e irrepetibles, garabateados en la agenda aparecen trazos apenas legibles a causa de los años…y hoy el pecho apretado por la emoción del recuerdo…
¿Benedetti se ha ido? Rotundamente no, sus versos se repiten y repetirán en la acústica del incomparable teatro Sauto en Cuba, en cada hombre o mujer que los envíe, recite, o simplemente marque en una página de sus tantas antologías…Benedetti reencarna en la sensibilidad humana, en los cantos de paz, en el amor de los adolescentes…
Ahora mismo, cuando su cuerpo lo admite la tierra para eternidad, una amiga latinoamericana me cuenta que le cantará el viernes en Venezuela, y su voz también traspasará fronteras para entonar por siempre:


…”si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
Y en la calle codo a codo
Somos muchos más que dos…”
Benedetti, no te salves ni ahora, ni nunca.

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